El
Monasterio de Caños Santos puede pasar por ser un arquetipo de fundación
monacal del siglo XVI. Una aparición mariana a un lugareño desata el
culto popular hacia la Virgen en cuestión, la Virgen de Caños Santos. La
devoción aumenta entre el pueblo hasta el punto de que la primera ermita
edificada queda insuficiente para el culto y surge la necesidad de
fundar un monasterio. El duque de Osuna realiza concesiones a la Orden
Terciaria Franciscana para que habite el lugar y edifique dicho
monasterio, con el fin de custodiar y dar culto a Nuestra Señora de
Caños Santos. Es a partir de 1542 cuando se construye el actual
edificio, aunque fue muy reformado a finales del siglo XVII.
Dejando aparte cuestiones históricas y devocionales, estudiadas por José
Manuel Dorado en su obra Caños Santos (1512-1996), nos centramos en este
estudio en la particularidad de la fachada del edificio y en la huella
franciscana legada en su arquitectura, que, a pesar de encontrarse en
estado de semirruina, da muestras de una extraordinaria calidad. Un
hecho sorprendente surge ante la lectura de la documentación revisada, y
es el gran anacronismo existente entre el estilo de la fachada y la
supuesta fecha de su construcción, 1689.
Demos unos breves apuntes sobre el edificio. Según nos relata José
Manuel Dorado es en 1683 cuando el monasterio, construido a partir de
1542, se ve sometido a una profunda reforma. Las numerosas y costosas
obras que se estaban realizando, hacían más conveniente y económico el
derribo de viejas estructuras y la construcción de nuevas, que su
continua reparación, y así lo relatan los documentos. Entre 1683 y 1690
encontramos sustituciones de tejados, construcción de caballerías y
hospederías, ornato del templo, carpinterías nuevas y, lo que es más
importante, la ampliación del templo. La primera medida que documentamos
es la ampliación de la capilla mayor mediante la incorporación de dos
arcos “para darle mayor capacidad”, y se realiza la nueva fachada,
ejecutándose el arco de la puerta en 1690. En este mismo año culmina la
reforma del templo con la cubierta de madera y el techado, la colocación
de vidrieras en las ventanas, barandillas en el coro, ornato, etc.
Pero aquí nos surge la duda: ¿Cómo puede construirse en 1690 una fachada
completamente manierista, más propia de la Italia de la primera mitad
del siglo XVI? La primera hipótesis que se nos ocurre es la de su
existencia anterior a esta reforma, y la de su traslado a su actual
ubicación piedra por piedra, hecho nada insólito. Tal vez fuese la
primitiva fachada de este mismo monasterio, realizada en 1542, fecha más
acorde con su estilo manierista. Para formular esta hipótesis, a falta
de la documentación pertinente, nos basamos en dos aspectos que nos
llaman la atención sobremanera: Uno, es la disposición de la fachada en
relación con el testero donde se ubica, y es que ésta sobresale
excesivamente del perímetro original del conjunto, delimitado por el
refectorio y la capilla para viajeros; pero esto es algo que,
consultando las fuentes bibliográficas, no tiene veracidad alguna a
falta de otros documentos anteriores donde se recojan más datos sobre la
construcción primitiva de Caños Santos. La otra es que, en la
documentación relativa a las reformas de 1690, en ningún momento se cita
al autor de la fachada y torre, lo que apoya nuestra tesis de ser una
obra anterior de la que los frailes no tendrían conocimiento sobre su
autoría.
La principal fuente bibliográfica referente monasterio es el Inventario
de este Convento de Ntra. Sra. de Caños Santos, que está en Sto.
Desierto de Valle Hermoso que es del Tercer Orden de Ntro. Seraphico
Padre S. Francisco, en la que se nos relatan las obras e incidencias
acaecidas entre 1683 y 1832, tres años antes de su desamortización. A
falta de localizar y consultar otros inventarios anteriores, dejamos
esta hipótesis en el aire.
La huella franciscana en el Monasterio de Caños Santos es evidente en
los elementos ornamentales de la enigmática fachada. Aquí encontramos
dos cuerpos divididos en tres tramos mediante cuatro pilastras, que se
adelantan al plano de la fachada por medio de unas contrapilastras,
solución muy manierista, dando gran plasticidad al conjunto. Dos
hornacinas se abren en los laterales de cada cuerpo, actualmente vacías,
y que en origen pudieron albergar en el cuerpo inferior las imágenes de
San Luis, Rey de Francia, y de Santa Isabel de Hungría, en el lado del
Evangelio y de la Epístola respectivamente. Ambas santidades son
patronos de la Orden Tercera Franciscana.
En el cuerpo superior encontramos las mismas hornacinas, también vacías,
siendo en esta ocasión una incógnita sus titulares. Apuntamos la
posibilidad, ya que el escudo central es el de la Casa de Osuna, de que
las figuras originarias fuesen santos devocionales del propio Duque,
como vemos en otros edificios religiosos originados a raíz de las
donaciones particulares de alguna casa nobiliaria. También pudieron
ocupar las hornacinas las figuras de San Francisco de Asís y Santo
Domingo de Guzmán, siguiendo otros ejemplos franciscanos.
Los dos escudos que encontramos sobre las hornacinas del primer cuerpo
representan los estigmas de San Francisco. Según la tradición, en 1224
San Francisco de Asís sufrió estigmatización en el monte de La Verna,
quedando su cuerpo marcado con cinco llagas. Estos cinco estigmas serán
recogidos por la Orden para ocupar el blasón de su escudo heráldico.
Es curioso observar cómo en uno de los escudos los cinco estigmas son en
realidad cinco flores de lis o lirios, en recuerdo de San Luis Rey de
Francia. Como es conocido, la monarquía francesa ha tenido
históricamente en esta flor uno de sus símbolos. También se debe la
presencia de esta afrancesada flor dentro de la iconografía franciscana
al propio nombre de San Francisco, quien fue bautizado en Italia con el
nombre de Juan, pero debido a que su madre era de la región francesa de
la Provenza y a los numerosos viajes de su familia a Francia, recibió el
sobrenombre de Francesco, que quiere decir “el francés” o “procedente de
Francia”. Por otra parte, el lirio también ha sido símbolo de
iluminación y atributo del Señor desde la Edad Media. Como vemos esta
flor se encuentra plenamente identificada con la Orden Franciscana.
Del interior de la iglesia no nos queda más que los muros de
mampostería, desnudos al perder totalmente su enlucido original. Los
documentos nos hablan de la existencia de varios escudos, ya sean de la
Orden o imperiales, en las diferentes partes del templo. Concretamente
en 1683 se estofa y pinta en la bóveda un escudo con las armas de la
Orden y una corona imperial, lo que nos hace pensar que el material
usado como enlucido fuese el yeso, más versátil para su manipulación y
decoración, y no el estuco. En 1687 la bóveda del coro se decora con un
escudo de armas de la Orden, seguramente similar a los descritos en la
fachada. No tenemos referencias sobre la decoración de la bóveda de la
capilla mayor, pero, guiándonos por costumbres franciscanas, en las
pechinas de la bóveda estarían representados los Cuatro Evangelistas o
los Cuatro Padres de la Iglesia; pero, siguiendo el ideal franciscano,
seguramente fuesen los Evangelistas los representados, ya que la orden
es mendicante y predicadora, al igual que los Evangelistas. En la
cornisa posterior a estas pechinas irían colocados escudos imperiales,
del duque de Osuna y de la propia Orden.
A falta de la documentación necesaria para un completo estudio sobre la
construcción, reformas y decoración de la iglesia del Monasterio de
Caños Santos, sirva este artículo como orientación a siguientes
investigaciones.