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LA FACHADA DEL MONASTERIO DE CAÑOS SANTOS
Origen e iconografía franciscana

Por Marino Aguilera Peñalver (Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada)
Publicado en la revista de Feria de Alcalá del Valle de 2003

El Monasterio de Caños Santos puede pasar por ser un arquetipo de fundación monacal del siglo XVI. Una aparición mariana a un lugareño desata el culto popular hacia la Virgen en cuestión, la Virgen de Caños Santos. La devoción aumenta entre el pueblo hasta el punto de que la primera ermita edificada queda insuficiente para el culto y surge la necesidad de fundar un monasterio. El duque de Osuna realiza concesiones a la Orden Terciaria Franciscana para que habite el lugar y edifique dicho monasterio, con el fin de custodiar y dar culto a Nuestra Señora de Caños Santos. Es a partir de 1542 cuando se construye el actual edificio, aunque fue muy reformado a finales del siglo XVII.

Dejando aparte cuestiones históricas y devocionales, estudiadas por José Manuel Dorado en su obra Caños Santos (1512-1996), nos centramos en este estudio en la particularidad de la fachada del edificio y en la huella franciscana legada en su arquitectura, que, a pesar de encontrarse en estado de semirruina, da muestras de una extraordinaria calidad. Un hecho sorprendente surge ante la lectura de la documentación revisada, y es el gran anacronismo existente entre el estilo de la fachada y la supuesta fecha de su construcción, 1689.

Demos unos breves apuntes sobre el edificio. Según nos relata José Manuel Dorado es en 1683 cuando el monasterio, construido a partir de 1542, se ve sometido a una profunda reforma. Las numerosas y costosas obras que se estaban realizando, hacían más conveniente y económico el derribo de viejas estructuras y la construcción de nuevas, que su continua reparación, y así lo relatan los documentos. Entre 1683 y 1690 encontramos sustituciones de tejados, construcción de caballerías y hospederías, ornato del templo, carpinterías nuevas y, lo que es más importante, la ampliación del templo. La primera medida que documentamos es la ampliación de la capilla mayor mediante la incorporación de dos arcos “para darle mayor capacidad”, y se realiza la nueva fachada, ejecutándose el arco de la puerta en 1690. En este mismo año culmina la reforma del templo con la cubierta de madera y el techado, la colocación de vidrieras en las ventanas, barandillas en el coro, ornato, etc.

Pero aquí nos surge la duda: ¿Cómo puede construirse en 1690 una fachada completamente manierista, más propia de la Italia de la primera mitad del siglo XVI? La primera hipótesis que se nos ocurre es la de su existencia anterior a esta reforma, y la de su traslado a su actual ubicación piedra por piedra, hecho nada insólito. Tal vez fuese la primitiva fachada de este mismo monasterio, realizada en 1542, fecha más acorde con su estilo manierista. Para formular esta hipótesis, a falta de la documentación pertinente, nos basamos en dos aspectos que nos llaman la atención sobremanera: Uno, es la disposición de la fachada en relación con el testero donde se ubica, y es que ésta sobresale excesivamente del perímetro original del conjunto, delimitado por el refectorio y la capilla para viajeros; pero esto es algo que, consultando las fuentes bibliográficas, no tiene veracidad alguna a falta de otros documentos anteriores donde se recojan más datos sobre la construcción primitiva de Caños Santos. La otra es que, en la documentación relativa a las reformas de 1690, en ningún momento se cita al autor de la fachada y torre, lo que apoya nuestra tesis de ser una obra anterior de la que los frailes no tendrían conocimiento sobre su autoría.

La principal fuente bibliográfica referente monasterio es el Inventario de este Convento de Ntra. Sra. de Caños Santos, que está en Sto. Desierto de Valle Hermoso que es del Tercer Orden de Ntro. Seraphico Padre S. Francisco, en la que se nos relatan las obras e incidencias acaecidas entre 1683 y 1832, tres años antes de su desamortización. A falta de localizar y consultar otros inventarios anteriores, dejamos esta hipótesis en el aire.
La huella franciscana en el Monasterio de Caños Santos es evidente en los elementos ornamentales de la enigmática fachada. Aquí encontramos dos cuerpos divididos en tres tramos mediante cuatro pilastras, que se adelantan al plano de la fachada por medio de unas contrapilastras, solución muy manierista, dando gran plasticidad al conjunto. Dos hornacinas se abren en los laterales de cada cuerpo, actualmente vacías, y que en origen pudieron albergar en el cuerpo inferior las imágenes de San Luis, Rey de Francia, y de Santa Isabel de Hungría, en el lado del Evangelio y de la Epístola respectivamente. Ambas santidades son patronos de la Orden Tercera Franciscana.

En el cuerpo superior encontramos las mismas hornacinas, también vacías, siendo en esta ocasión una incógnita sus titulares. Apuntamos la posibilidad, ya que el escudo central es el de la Casa de Osuna, de que las figuras originarias fuesen santos devocionales del propio Duque, como vemos en otros edificios religiosos originados a raíz de las donaciones particulares de alguna casa nobiliaria. También pudieron ocupar las hornacinas las figuras de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán, siguiendo otros ejemplos franciscanos.

Los dos escudos que encontramos sobre las hornacinas del primer cuerpo representan los estigmas de San Francisco. Según la tradición, en 1224 San Francisco de Asís sufrió estigmatización en el monte de La Verna, quedando su cuerpo marcado con cinco llagas. Estos cinco estigmas serán recogidos por la Orden para ocupar el blasón de su escudo heráldico.

Es curioso observar cómo en uno de los escudos los cinco estigmas son en realidad cinco flores de lis o lirios, en recuerdo de San Luis Rey de Francia. Como es conocido, la monarquía francesa ha tenido históricamente en esta flor uno de sus símbolos. También se debe la presencia de esta afrancesada flor dentro de la iconografía franciscana al propio nombre de San Francisco, quien fue bautizado en Italia con el nombre de Juan, pero debido a que su madre era de la región francesa de la Provenza y a los numerosos viajes de su familia a Francia, recibió el sobrenombre de Francesco, que quiere decir “el francés” o “procedente de Francia”. Por otra parte, el lirio también ha sido símbolo de iluminación y atributo del Señor desde la Edad Media. Como vemos esta flor se encuentra plenamente identificada con la Orden Franciscana.

Del interior de la iglesia no nos queda más que los muros de mampostería, desnudos al perder totalmente su enlucido original. Los documentos nos hablan de la existencia de varios escudos, ya sean de la Orden o imperiales, en las diferentes partes del templo. Concretamente en 1683 se estofa y pinta en la bóveda un escudo con las armas de la Orden y una corona imperial, lo que nos hace pensar que el material usado como enlucido fuese el yeso, más versátil para su manipulación y decoración, y no el estuco. En 1687 la bóveda del coro se decora con un escudo de armas de la Orden, seguramente similar a los descritos en la fachada. No tenemos referencias sobre la decoración de la bóveda de la capilla mayor, pero, guiándonos por costumbres franciscanas, en las pechinas de la bóveda estarían representados los Cuatro Evangelistas o los Cuatro Padres de la Iglesia; pero, siguiendo el ideal franciscano, seguramente fuesen los Evangelistas los representados, ya que la orden es mendicante y predicadora, al igual que los Evangelistas. En la cornisa posterior a estas pechinas irían colocados escudos imperiales, del duque de Osuna y de la propia Orden.

A falta de la documentación necesaria para un completo estudio sobre la construcción, reformas y decoración de la iglesia del Monasterio de Caños Santos, sirva este artículo como orientación a siguientes investigaciones.

 


                  


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